Este artículo fue coescrito con Ana Martínez, enfermera del Hospital Clínic. Se publicó el 9 de abril del 2020 en El Diari de la Sanitat y Catalunya Plural..

Confinamiento desigual

Infravivienda, apartamento, piso o casa.

Ante la pandemia por COVID-19, las diversas realidades sociales requieren diferentes medidas adaptadas. Tomar las decisiones desde el ámbito local podría paliar el confinamiento desigual y marcar la diferencia.

La noche de los Oscar fue una absoluta locura. Parásitos ganaba el premio a la mejor película, entre otros. Por primera vez una película extranjera recibe este premio. A estas alturas muchas de vosotros ya la habréis visto. A las que no, os la recomendamos, de verdad.

Hacemos referencia a esta película por la realidad que retrata. La mayoría de las personas establecemos círculos de amistades que son similares a nosotros mismos. Y no nos referimos a seguir en el mismo equipo de fútbol, ​​ni siquiera a trabajar en el mismo lugar, sino a los círculos, alrededor, el nivel económico, y en nuestra realidad social. Y eso, nos condiciona las perspectivas con las que miramos y entendemos el mundo. Pero algunas profesiones, como las nuestras, nos ofrecen el privilegio de poder ver de muy cerca otras realidades.

Y eso es lo que nos ha llevado a escribir estas líneas. Desde que comenzó toda esta distopía pensamos en las familias de barrios como San Ildefonso o La Trini, en el exvecino del Raval, en los niños residentes de centros, en los menores no acompañados… en todas aquellas familias cerradas en sus pequeños pisos , abarrotados de muebles porque tienen que dormir tres personas en una misma habitación y otros tres en el comedor. La realidad de la familia pobre de Parásitos nos puede parecer ficción, o una realidad exagerada, pero por desgracia no lo es, ni en España ni en el mundo.

Las medidas de confinamiento tomadas a razón de la pandemia por la COVID 19 nos parece que agravan completamente esta desigualdad ya existente. Si una familia puede salir a pasear a su mascota, ¿por que la familia que vive hacinada en su casa no puede salir a tomar el aire? Se deberían tomar las medidas que sean necesarias, por supuesto, no hablamos de no tener en cuenta la situación de pandemia, pero sí que hay que pensar que este confinamiento no nos trata a todos por igual.

Y luego está el asunto del dinero. Mirando los datos recién publicados sobre la tasa de incidencia de la enfermedad por el nuevo coronavirus en Catalunya, esta desigualdad se hace patente. Sólo si nos fijamos en la ciudad de Barcelona, ​​vemos que las tasas más altas de infección se concentran, mayoritariamente, en los barrios más precarios, los barrios obreros, precisamente allí donde las familias viven hacinadas en pisos diminutos. Nos gustaría fijarnos en dos realidades. Hay más. Pero expondremos dos. En primer lugar, es en estos barrios donde viven muchas de las personas que ejercen tareas domésticas o de cuidados, la mayoría sin contrato, por lo que no pueden permitirse dejar de ir a trabajar, para que las medidas aprobadas no contemplan ayudas para ellas. Están altamente expuestas al contagio mientras viven amontonadas. Por otra parte, viven muchas de las personas que no pueden teletrabajar, que han perdido su trabajo, o han sufrido expedientes de regulación de empleo. Personas que se han visto, de repente, sin los pocos ingresos mensuales que tenían. Personas que no pueden llenar su nevera por tres semanas. Quizás no pueden llenarla ni para un solo día y seguro que tampoco pueden acaparar rollos de papel de WC porque no tienen espacio. En ambos casos es muy difícil, casi imposible, quedarse en casa. Pero es que cuando se quedan, además, están en mayor riesgo de contagio. Y es que en contra de lo que muchos han pregonado, esta pandemia -y sus medidas-, sí entienden de clases sociales.

Las políticas públicas tienen la obligación de contemplar todas las realidades sociales. Si en el súper del barrio han sido capaces de pensar en abrir de 9h a 10h sólo para la gente mayor cuando todo está perfectamente desinfectado de la noche anterior, ¿por que las instituciones no pueden pensar en estas familias sin ingresos, en las infraviviendas, en los niños y niñas amontonados o que simplemente no tienen balcón? ¿Por qué no se permite a los municipios establecer normas específicas para barrios o sectores que respondan a las necesidades reales de todas estas múltiples realidades? Sabemos donde viven, los mapas nos indican donde están.

Nuestra propuesta es pasar de nuevo parte de las competencias a los municipios. La política local sin duda, tiene más claras las necesidades reales de su población. Establecer normativa y recortes generalistas, que ya han comenzado, por el departamento de Empleo, ni más ni menos, genera más desigualdad social. Equidad y reparto de la riqueza, por favor. Aliviar este confinamiento desigual puede marcar la diferencia.

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