Mediación de conflictos

Recientemente he empezado una formación universitaria de mediación de conflictos en el ámbito familiar, civil y mercantil. La mediación familiar es algo que ya me ha tocado hacer en varios de los procesos de acompañamiento que hago en las familias.

No es extraño encontrarnos con parejas divorciadas hace años que se van denunciado una y otra vez a medida que los hijos e hijas van creciendo y se van encontrando dificultades o situaciones nuevas: otras parejas que entran a formar del núcleo familiar, gastos imprevistos o que no se tuvieron en cuenta en el momento de la separación, pensiones no pagadas, nuevos deseos de custodia compartida, y un largo etcétera.

En otro artículo os contaré cómo llego yo a la mediación, pero este es un primer artículo para dar a conocer esta herramienta tan útil y desconocida y si de paso me gano algún cliente genial! 🙂

Lo primero es entender que la mediadora es una persona imparcial, neutral en todo el proceso y que no ofrece soluciones, sino que su papel es la de facilitar el diálogo, acompañar en la gestión emocional, para terminar gestionando el o los conflictos (evidentes y subyacentes). Por tanto el proceso de mediación no es una terapia, ni un asesoramiento jurídico. La mediadora nunca tomará decisiones por ti.

En el caso de la mediación familiar, no se puede olvidar que la relación entre las personas, a pesar de que se separen, perdurará TODA LA VIDA, ya que tienen personitas en común que cuidarán ambas partes. Por tanto es importante llegar a acuerdos donde ambas partes sientan que ganan. Para ello es importante conocer bien las necesidades y buscar soluciones creativas que sean satisfactorias y sobretodo beneficiosas para los menores.

La mediadora, por tanto, aporta esa perspectiva diferente, donde el foco de atención es siempre el bienestar de los niños y niñas. Para mi este punto es fundamental, como educadora social, siempre digo que mis los clientes son los niños, aunque sean los padres los que me pagan, porque ellos son los que necesitan protección.

Escucha activa, comunicación, caucus (sesiones individuales con las partes para acompañar en la gestión emocional), ofrecer un espacio de diálogo creativo, son algunas de las herramientas de las mediadoras.

Al fin y al cabo una separación es un desajuste de la familia y su organización, por tanto es importante volver a restablecer la organización desde una nueva identidad, ya que las figuras familiares ofrecen nuevos significados. Considerar que una separación es una familia rota, disfuncional o desestructurada es un error. Las separaciones forman parte de la vida cotidiana, pero es importante no pensar que se arreglará solo, hay que trabajar.

Una vez se han alcanzado los acuerdos, se puede formalizar ante notario, y siempre se puede volver a hacer una nueva mediación para solucionar los problemas puntuales que surjan.

Los acuerdos alcanzados en una mediación perduran más en el tiempo, ya que se trata de una resolución consensuada y por tanto el compromiso es mayor. A demás es un proceso mucho más económico que un proceso judicial, un divorcio contencioso, ya que sólo se contrata un profesional para ambas partes, frente a los 2 abogados y 2 procurados en caso de divorcio.

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