Actitudes destructivas en la adolescencia (Parte 2)

Per: Teresa Cataldo

Artículo publicado en Social.Cat, 12/06/2022

Pena extrema, depresión y distimia en la adolescencia.

 

En la primera parte de este artículo hablé de algunas actitudes destructivas en la adolescència como el aislamiento, las mentiras, la manipulación, las rabietas y el chantaje emocional.

Hoy abordaré otras actitudes destructivas que, desgraciadamente, están muy presentes en la adolescencia. Lo primero que quiero decir es que ser adolescente no es fácil. Se encuentran en una etapa aparentemente intermedia entre la infancia y la vida adulta, pero digo aparentemente porque, de hecho, no lo es. La adolescencia es un momento vital, puesto que es cuando forman su identidad como personas. También es el momento en que el cuerpo adquiere, poco a poco, la forma y tamaño “definitivo”, y evidentemente se producen muchos cambios psicológicos y sociales.

La adolescencia es una etapa por sí sola. La OMS (que no se caracteriza por ser muy rápida) la divide en dos fases: adolescencia temprana de 12 a 14 años y adolescencia tardía de 15 a 19 años. Hay quien dice que a los diez años ya se turban, aunque yo pienso que se trata de la pubertad que puede formar parte de la adolescencia o el fin de la infancia, pero si miras en internet descubriréis diferentes clasificaciones y franjas. Esto se debe a que los procesos de maduración biológica no son iguales para todas las personas, por tanto, se hace complicado escoger una edad válida para toda la población.

Y ahora voy a decir mi frase de oro antes de abordar el tema de hoy: no hay adolescentes problemáticos, hay adolescentes con problemas.

No podemos olvidar que durante esta etapa su cerebro no está terminado, de hecho está a medio camino. En el artículo Neurociencia y adolescencia explicaba que el cerebro tarda unos treinta años en terminar de formarse y todas las consecuencias que lleva este hecho. Por tanto, sí, tienen cuerpo de adulto, hablan y se expresan como si lo supieran todo y sobre todo se creen mayores, pero no cuentan con todas las herramientas de un adulto, ni biológica ni social ni económicamente, por tanto, todo junto se complica.

Y hay adolescentes que sufren y otros que sufren mucho y este sufrimiento les lleva a tener ciertas actitudes dañinas y en el peor de los casos, destructivas. Hoy hablaré de los que más sufren. Pena extrema, depresión y distimia. La diferencia fundamental entre estos tres términos es su profundidad y duración. La tristeza puede ser un episodio puntual que tenga una fecha de caducidad, y sobre todo, tiene una causa clara: una ruptura de pareja, de amistad, un suspenso. La depresión es un problema mental grave, en el que debe intervenir una profesional (psicóloga o incluso una psiquiatra), y en cambio los síntomas de la distimia son menos fuertes que el de la depresión, pero puede llegar a durar más.

Si bien los síntomas son similares: tristeza, desesperanza, sentimiento de culpa, inutilidad, pesimismo, abatimiento. A menudo va acompañado de baja autoestima, pérdida de apetito, falta de ilusión y cambios de humor.

El origen de este estado puede ser muy diverso: situaciones que impactan directamente en la vida de la persona adolescente y no tiene herramientas suficientes para afrontarla (la muerte de un familiar o una mascota, repetir de curso, separación de los padres poco cuidada), la obesidad (o que piensen que la tienen), los conflictos con el grupo de iguales (en la escuela, fuera de la escuela, en el barrio), acoso escolar, problemas académicos. ¿Y qué podemos hacer las familias para evitar ese problema?

  • Aprender a construir y mantener amistades sanas.
  • Mantenerse activas (haciendo algún deporte, si es un deporte en equipo mucho mejor).
  • Tener una estructura (horarios, rutina, tiempo de descanso).
  •  Escribir un diario privado. Parece mentira, pero escribir todo lo que te ocurre puede ser muy sanador. Desfogarse con libertad es fundamental.
  • Tener expectativas realistas, todas las madres y padres creemos que nuestro hijo es más listo, con máximas capacidades, etc. No pasa nada por ser normal y aceptar el fracaso estoicamente.
  • No puedes olvidar que a veces se gana y otras se aprende.
  • Pedir ayuda. Si no sabes cómo hacerlo, o qué paso dar, hay muchos especialistas en esta etapa -como yo- que sabremos darte las herramientas que necesitas para trabajar para la prevención de estos problemas e incluso acompañarlos en ese momento tan complicado.

Como es de suponer, muchos de estos temas deben abordarse desde la infancia. Si nunca  ha hecho deporte, será imposible que comience con quince años, y lo mismo ocurre con muchas de las herramientas que he nombrado antes.

Muchos ánimos y no dudes en preguntar y buscar información. No nacemos sabiendo cómo acompañar, ¡hay que aprender!

Teresa Cataldo 

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