Adolescencia, compleja y mágica etapa.

Per: Teresa Cataldo

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Adolescencia, compleja y mágica etapa.

Hace más de 20 años que trabajo con adolescentes. Primero como monitora en el cau, luego como educadora en centros de menores, luego en un centro de diagnóstico de chicas y ahora, desde hace 7 años en un Espai Jove. Mi trayectoria profesional se ha ido trazando hacia la prevención, ya que al ser una persona más bien optimista, necesitaba saber que se podía hacer algo antes de institucionalizar un menor. No voy a hablar ahora de las instituciones, pero sin duda dedicaré un tiempo a ello, ya que tengo mucho que decir.

El caso es que desde hace casi año y medio convivo con un adolescente de 13 años y una niña de 8 y eso me ha cambiado la vida.
La perspectiva es diferente pero sin duda reafirma mi metodología de trabajo en el Espai Jove y las herramientas adquiridas en todos estos años resultan muy prácticas para mi familia y mi relación con él.

Muchas personas me dicen cuando explico mi profesión “qué difícil debe ser!” y la verdad es que no. No se si es por los años que hace que trabajo con ellos o por mi estructura mental no me resulta en absoluto complicado. Si bien es cierto que todas las personas somos únicas e irrepetibles, la adolescencia tiene muchos puntos comunes.

Una de las quejas más habituales es la pereza que llevan encima: “son unos vagos” me dicen sus padres, y ese mensaje se repite una y otra vez en la calle, los medios y de hecho podría decirse que es una opinión general. Pues no.

Resulta que el cambio biológico que sufren en la adolescencia es tan grande como el que sufre un bebé!

Y un bebé qué hace? Comer, llorar y dormir. Su cuerpo cambia radicalmente, crece vello por todas partes, cambia la voz fruto del crecimiento de la laringe y los pulmones, se acelera el proceso de crecimiento y a demás se produce de manera asimétrica dándoles ese aire desgarbado que les caracteriza y a veces les aterra y a menudo afecta a su autoestima.

Aparecen nuevas hormonas en su cuerpo que despiertan su sexualidad, ese acné tan molesto y empujan ese “estirón”, crecen internamente sus órganos sexuales y la vejiga.

En resumen, en este periodo se producen cambios biológicos, fisiológicos, psicológicos, intelectuales y sociales que sitúan al adolescente en el mundo como persona y luego como adulto.

Con todo ello la vida de un bebé y un adolescente es harto diferente. Los adolescentes tienen que entrar en clase a la 8h, a las 8h!!! Dedicar unas cuantas horas a sus estudios después de 6,5h de clase, su vida social, el amor, las emociones, practicar algún deporte, fregar los platos y mil cosas más. Cómo no van a estar cansados? Y aunque hagan la mitad de las cosas que digo mas arriba da igual. Con lo que les está sucediendo en el cuerpo ya tienen más que suficiente.

Así que sí, el lugar natural de un adolescente es el sofá. Aceptémoslo, igual que entendemos al bebé. Sin más. Y ya pasará.

Otro tema es el descontrol. Y no me refiero al de ellos y ellas, sino a la pérdida de control de los padres y madres. De repente vuelan. Apenas entienden su lenguaje, su humor, los personajes que admiran, no conocen casi nada de su vida y la comunicación se hace cada vez mas compleja. Parece que todo lo que les gustaba antes ya no tiene interés y a demás saben mentir como nadie para lograr un poco mas de libertad y espacio para hacer lo que les de la gana. Han aprendido a hacerlo en casa. Si es cierto, en casa. Que nadie se sienta ofendido, pero estoy 100% de acuerdo con el personaje ficticio de Dr. House que afirmaba una y otra vez: “todo el mundo miente”. Aprenden a contar mentiras piadosas para evitar broncas, llegar más tarde a casa, no contar qué hacen en el tiempo libre o no estudiar. El tema estudios es también gordo, así que también me extenderé en otro artículo.

Y es que el adolescente ya es toda una persona.

Tiene pensamiento crítico propio – aunque de hecho esté “en construcción” y por tanto puede variar con el tiempo, lo tienen- y está en el momento de cuestionar todo aquello que le han dicho en casa. Recibe nuevos inputs, ya que se relaciona con otras realidades, las de sus compañeros y compañeras de clase y sus amigos del barrio que vienen de casas completamente diferentes con otras costumbres, otra educación y otros valores. Y de repente se dan cuenta que el mundo no es como en su casa. Que existen normas distintas, otras maneras de pensar, hacer y relacionarse. Y ahí entra el gran trabajo de la adolescencia que es la de construir sus propios valores, pensamientos y actitudes, naturalmente influidos por los de casa, pero suyos. Así que cuando sientas que tu hijo o hija adolescente se revela, hace lo que le da la gana y miente, trata de pensar que está en ese proceso complejo que tu misma pasaste.

La adolescencia es complicada, para las que están en ese momento y para quienes los rodean.

Pero es un momento sin fronteras (me refiero que les queda un resquicio de espacio en su cuerpo no institucionalizado), lleno de proyectos, con mucha energía, emociones extremas, amor y desamor, grandes proyectos (aunque no los conozcas), amistad, amistad y amistad y en un último término, la familia. Complejo pero real. Aunque esa aparente indiferencia no es más que un papel que le toca jugar al/la joven ante aquella persona adulta que está obligada a marcar los límites constantemente incluso para temas ya aprendidos. Es así.

Que cada cual interprete su papel, que es completamente necesario a pesar de lo difícil y agotador que resulte.


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